viernes, 25 de septiembre de 2020

¿Qué significa tener fe en un Dios Verdadero?

 

El concepto de la fe en Dios es bastante extenso y se lo puede explorar desde diferentes puntos de vista. Por lo cual es adecuado en primera instancia conocer y meditar en el significado de la palabra fe. Según el Diccionario de la RAE (Real Academia Española), la palabra fe tiene varias acepciones dentro de las cuales se citan algunas:

a) “Conjunto de creencias de una religión”, en las religiones existentes dentro de la humanidad existe una base de creencias que implican la adoración a diferente género de dioses y deidades y sus respectivos rituales de culto caracterizados por sus matices históricos y culturales.

b) “Conjunto de creencias de alguien, de un grupo o de una multitud de personas”, diversos grupos de personas tienen fe en diferentes causas e ideologías compartiendo cierto tipo de maneras de pensar en las cuales empeñan sus esfuerzos.

c) “Seguridad, aseveración de que algo es cierto”, en referencia a esta acepción, se refiere a la fe como un ejercicio del intelecto en donde se conservan algunas ideas y conceptos los cuales son considerados como absolutamente verdaderos sin la necesidad de que se tenga que hacer una demostración o argumentación.

d) “En el cristianismo, virtud teologal que consiste en el asentimiento a la revelación de Dios, propuesta por la Iglesia”, una virtud teologal implica una facultad otorgada por Dios al hombre para adoptar cierto tipo de hábitos para conducir sus propias acciones hacia los propósitos y designios divinos. En este caso la institución de la iglesia se ha hecho responsable responsable de administrar los conceptos y creencias doctrinales para su difusión en base a posiciones normadas y consensuadas en su mayor parte basadas en las Sagradas Escritura.

Por otro lado, de acuerdo al diccionario Oxford Languages se define a fe como "Creencia y esperanza personal en la existencia de un ser superior (un dios o varios dioses) que generalmente implica el seguimiento de un conjunto de principios religiosos, de normas de comportamiento social e individual y una determinada actitud vital, puesto que la persona considera esa creencia como un aspecto importante o esencial de la vida."

En el contexto de las Sagradas Escrituras, en la Carta a los Hebreos se menciona respecto de la fe lo siguiente: “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (RV1960, Heb 11:1). Aquí se mencionan dos actitudes o dimensiones de la fe: la certeza y la convicción respecto de las cosas que esperamos y que aún no son visibles. Tener certeza de algo implica tener un conocimiento firme y muy claro teniendo plena seguridad de lo que se está esperando.

La convicción interna de un ser humano respecto de una creencia implica un sentimiento de seguridad respecto a lo que se piensa o cree. En base a lo anteriormente mencionado se infiere que las creencias, el pensamiento y los sentimientos deben estar orientados a valores y verdades absolutas, ya que apoyar la fe en creencias incorrectas induce a cometer errores, de aquí parte la necesidad del hombre de creer en un Dios Verdadero que le va a conducir por el camino de la verdad y no del error.

En la misma Carta a los Hebreos se dice respecto de la fe: “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (Heb 11:6). En base a esta razón se observa que la fe es un requisito indispensable para poder acercarse al Dios Verdadero y más aún se requiere hacer un ejercicio de la misma para que al hacer este acercamiento, estar seguros de que Dios tendrá recompensas para el ser humano de corazón y fe puros.

Abraham, es un personaje bíblico que es conocido como padre de la fe, y se dice que Abraham le creyó a Dios y le fue contado por justicia, esto significa que el hombre que tiene una fe muy grande y madura en un Dios Verdadero, está actuando conforme a las leyes divinas, además está haciendo y operando correctamente.

En base a estos conceptos surge la pregunta: ¿Cuáles son las implicaciones del sentido de la fe en Dios a nivel espiritual en el hombre?


martes, 1 de septiembre de 2020

¿Sabías que existe un Dios?

En el mundo de la lógica y la razón humanas no hay cabida para la creencia de un Dios, por lo tanto, la única capacidad que tenemos para conocer a Dios es a través del sentido de la fe, la cual es una virtud humana que supera toda lógica.
Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, la palabra Dios tiene varias acepciones, sin embargo, para conocimiento general el significado se lo define como “Ser supremo que en las religiones monoteístas es considerado hacedor del universo.”
Desde tiempos inmemoriales, el concepto que ha tenido el hombre acerca de dios ha ido evolucionando desde un punto de vista materialista hasta formular el monoteísmo con un Dios Absoluto el cual es Espíritu.
Los hombres primitivos comenzaron a temer a los fenómenos naturales como los truenos, erupciones volcánicas y terremotos a los cuales los consideraban sus dioses. Por lo cual hacían cierto tipo de ritos y sacrificios para aplacar esa ira concebida como divina.  Con el pasar del tiempo aparecieron diversidad de dioses inspirados en la naturaleza, como animales salvajes y monstruos fantásticos. La ira divina es la respuesta de Dios frente al pecado y extrema desobediencia del hombre, la cual se traduce en calamidades y sufrimientos para la raza humana.
A lo largo de la historia, la raza humana ha tenido que atravesar diferentes tipos de adversidades, dentro de las cuales el hombre se ha enfrentado a sus propios miedos y sufrimientos y no ha tenido otra opción que reconocer sus propias limitaciones y recurrir o clamar a una fuerza superior para pedir ayuda, en este caso estamos hablando de un Dios Verdadero.
Sin embargo, al evolucionar la conciencia e identidad del hombre no solamente como un ente de la naturaleza sino como un ser espiritual surgieron muchas inquietudes e interrogantes respecto a la verdadera naturaleza de un Dios.
La RAE define la palabra creer como: “Tener algo por cierto sin conocerlo de manera directa o sin que esté comprobado o demostrado”. Por lo tanto, creer en Dios implica tener una fuerte convicción de su existencia, que se traduce en las acciones u obras empeñadas en el día a día. 
Con respecto a la naturaleza espiritual del hombre y el significado de la palabra espíritu se define como “Entidad abstracta tradicionalmente considerada la parte inmaterial que, junto con el cuerpo o parte material, constituye el ser humano; se le atribuye la capacidad de sentir y pensar.” (RAE).
Por lo tanto, el conocimiento de la existencia de un Dios que es Espíritu por parte del hombre implica el reconocer que la existencia de un Dios Infinito que va más allá de lo que la inteligencia humana y sus sentidos pueden percibir. Además, el hombre al considerarse un ser espiritual estaría dotado de la capacidad de comunicarse y conectarse con un Dios Verdadero que es Espíritu.

Entonces, en base a estos puntos de vista cabe la pregunta: ¿por qué necesita creer el hombre en Dios?

viernes, 1 de enero de 2010

Un ensayo acerca de los amores de Dios

Estaba degustando un café expreso en aquel lugar especial que solo Dios y yo conocemos... Mientras el humo del café caliente subía, elevaba mi acción de gracias a los cielos por esta hermosa vida, por esta bella tarde de sol en donde el azul cielo se confunde con las nubes de algodón. El perfil de los Andes contrasta con las verdes palmeras de la calle. Una brisa fresca, una melodía moderna pero suave y el familiar aroma del café adornan este espacio-tiempo en algún punto del cosmos. Un poco de lujo embellece este suspiro de selva urbana: orden, belleza y armonía. Las personas caminan por la calle casi como por inercia: tranquilos, felices y en paz.
Hoy me siento como un ciudadano del universo que piensa, medita y reflexiona: Me di cuenta que mis pecados han sido tan grandes como mis sueños. Le pedí perdón de corazón al creador y concluí que todavía no he aprendido nada. En mi mente circulaban muchos pensamientos y determinaba que dentro de las lides del crecer espiritual, para Dios -en su infinita grandeza- no existe mayor diferencia entre el hombre más perverso y el hombre más bondadoso ya que para la eternidad, cien años de crecimiento espiritual son un suspiro y que todos necesitamos un nuevo comienzo en nuestro caminar por la vida…
Pensaba que Dios nos prepara desde el momento de nuestro nacimiento para cumplir con el verdadero propósito de nuestras vidas: cada lugar, cada persona, cada tiempo, cada recuerdo, cada prueba es parte del proceso. Como que si la vida fuera la sumatoria de aquellos pensamientos, sentimientos y experiencias que nos permiten explorar la dimensión de la fe en Dios.
Entre mis manos hojeaba una biblia, y meditando en el libro del Génesis, en el principio de los tiempos -cuenta la historia- que Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras este dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. Concluyo en mi pensamiento que la mujer idónea nace del sueño más profundo del varón. Que Adán fue el primero que soñó con una mujer y Dios Padre hizo realidad su sueño. Eva fue el cumplimiento del sueño más íntimo de Adán: “Amor mío, tú naciste de mi sueño más profundo, hueso de mis huesos, carne de mi carne, serás llamada Varona porque del varón fuiste tomada”.
Si Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, la mujer fue creada a imagen y semejanza del hombre. Pensaba que el libro de Génesis relata una historia de amor, en donde Dios Padre se enamora de la Creación y fruto de ese amor nació el hombre. La Creación tiene sexo femenino y es la ayuda idónea de Dios. El sueño más profundo del Padre fue la Creación, en donde dijo Dios: Sea la luz, y fue la luz. Y vio Dios que la luz era buena. Y luego dijo Adán: sea Eva, y fue Eva. Y vio Adán que Eva era buena.
Pienso no con la mente sino con el corazón que el Génesis representa a la semilla, Dios sembró su semilla en la tierra fértil: conoció el Padre a la Creación, la cual concibió y dio luz a Adán, así como conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín. Dios es el autor de la creación mientras Adán es el autor de Eva. Dios le cambió el nombre a la Creación: ahora se llama Creación de Dios. El Varón le cambió el nombre a la Varona: ahora se llama Eva de Adán.
Cantar de cantares, la Creación es la novia de Dios y le canta una canción de amor y de adoración: ¡Oh, si él me besara con besos de su boca! Porque mejor son tus amores que el vino.
Cantar de cantares, en donde Dios declara un poema de amor a la Creación y producto de ese amor nace el Hijo de Dios: Como panal de miel destilan tus labios, oh esposa; miel y leche hay debajo de tu lengua.
El Padre está enamorado de la Creación y le dice: He aquí tú eres hermosa, amiga mía; he aquí eres bella; tú eres la niña de mis ojos. La creación está enamorada de Dios y sus ojos son las estrellas, el sol es de leche y la luna de miel: He aquí que tú eres hermoso, amado mío, y dulce, nuestro lecho es de flores… Dios y la Creación bailan como dos enamorados una bella melodía con acordes de piano, violín y bandoneón en el infinito silencio del cosmos en donde solamente existen gestos de amor y adoración...
De repente la mesera, con una sonrisa dulce, me interrumpe: “Señor, aquí está la cuenta”. Le correspondí con un gesto amable y le dije: “¡Muchas gracias! Muy buen café, te puedes quedar con el cambio”. Dentro de mi ser sentí una extraña sensación ya que no sé por qué razón su tierna mirada me recordaba a Eva…
Y retornando a mi profundo cavilar concluía que la Vía Láctea cuenta las crónicas de una gran historia de amor. Son crónicas de amores celestiales, amores de otros cielos, amores en donde dos Espíritus se enamoran. Amores de seres divinos, amores de otro cosmos que sobrepasan los límites de la imaginación…